Las palabras fuertes dichas suavemente son más poderosas que los gritos fuertes.

No es que no puedas decir palabras duras, pero hay que saber decirlas suavemente.
Pelear en voz alta sólo hará que la gente se resista, pero hablar en voz baja puede tocar sus corazones.
Las personas verdaderamente poderosas no confían en su volumen para abrumar a los demás, sino en su discreción para persuadir.
Porque lo que quieres no es ganar ni perder, sino que la otra parte entienda.








